Aniversario del Evento Tunguska

Siberia, 30 de junio de 1908.
Ese dia a las 8 horas, 17 minutos y 11 segundos (hora local), una inmensa área forestal, afortunadamente inhabitada, de varias centenas de kilómetros cuadrados, fue desvastada por una gigantesca explosión. A 60 kilómetros de sur del lugar afectado, los testigos ocasionales vieron una extraña luminosidad y fueron azotados por un hálito de fuego.

Imagen tomada de Wikipedia

En la zona del siniestro todo el bosque fue calcinado y los objetos de metal y los cubiertos quedaron fundidos, mientras rebaños enteros de renos resultaron aniquilados, encontrándose tan sólo sus osamentas calcinadas cuando los habitantes de las regiones vecinas se personaron en el lugar, varios días después.

A escala mundial, dos ondas de presión atmosférica dieron la vuelta al Globo y una perturbación del campo magnético fue registrada en la estación de Irkutsk. Además, por espacio de dos meses la alta atmósfera terrestre ilumino la noche de un modo extraño: se podía leer un periódico a medianoche y sin luna en las regiones del Cáucaso.

Las primeras expediciones científicas no se trasladaron a ese lugar de Siberia hasta veinte años después del fenómeno. Estudios sobre el terreno, varios sondeos y una prospección exhaustiva realizada mediante fotografía aérea, desde 1935 hasta la fecha, han establecido varios aspectos tan extraños – o misteriosos – como los hechos acaecidos cuando tuvo lugar la sorprendente explosión.

Imagen tomada de Wikipedia

Desde el momento que no se ha encontrado traza alguna de meteoritos (ningún fragmento por pequeño que fuese), no es posible sostener la antigua hipótesis que pretendía dar cuenta del fenómeno <<explicando>> la catástrofe por la caida de un misterioso meteorito de, al menos 50.000 toneladas. Por otra parte, se hallan todavía arboles abatidos en zonas anulares y otros en el centro, en pie, pero calcinados y despojados de sus ramas, permiten establecer que se produjo una explosión en forma de bola de fuego a 7 kilómetros de altura.

Las 2 ondas de choque evocan una entrada en la atmósfera a velocidad supersónica, y después la explosión propiamente dicha. La onda calorífica que quemo la camisa de un mujik, llamado Semiónov, y las orejas de un vecino suyo, Kosolópov, ambos residentes o de paso en aquel momento en Vanóvara, a 60 kilómetros del centro de la explosión, permite, tanto como el estudio de las destrucciones, efectuar una estimación de la energía desarrollada: equivaldría a una bomba termonuclear de diez megatones (es decir, quinientas veces la energía de la bomba que destruyo Hirioshima).

Extraído del libro “Los Grandes Enigmas de la Astronomía” editado por Jean E. Charon en mayo de 1970.

Datos más recientes sobre el evento Tunguska en este link de la BBC