Reliquia de la Vía Láctea encontrada
Con una décima parte de la masa del Sol, justo en la frontera entre las estrellas y las enanas marrones, un nuevo objeto celeste de miles de millones de años de edad acaba de ser descubierto como el más lejano de su clase detectado hasta hoy en la Vía Láctea. Bautizada como ULAS1350, esta subenana podría convertirse en una de las piezas clave para entender las primeras etapas de la historia de nuestra galaxia.
La imagen superior es una comparación de ULAS1350 con las subenanas de tipo L anteriormente conocidas. A la derecha, concepción artística de la trayectoria y posición de ULAS1350 en nuestra galaxia. Como se aprecia en la figura, las subenanas se encuentran en el halo de la Vía Láctea.
Créditos: Nicolas Lodieu/GTC (OSIRIS).
El equipo de astrónomos europeos responsables del descubrimiento, integrado por miembros del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y del Centro de Astrobiología (CAB), tan solo necesitó 35 minutos de observación para analizar el objeto con el Gran Telescopio Canarias (GTC), ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos de la isla de La Palma. El hallazgo se difunde hoy en la revista especializada Astrophysical Journal, en la que constituye la primera publicación científica basada en datos del mayor telescopio óptico-infrarrojo del mundo.
ULAS1350 ha sido clasificada como una subenana de tipo L y representa la quinta de su clase conocida hasta la fecha y la primera confirmada con el GTC. Debido a su pequeño tamaño y baja masa, más parecidos a los de un planeta gigante que a los de una estrella del tipo solar, estas subenanas resultan buenas candidatas para la búsqueda de planetas extrasolares. Nicolas Lodieu, director de la investigación desde el IAC, destaca que “nos hemos centrado en esta clase de objetos extremadamente antiguos porque, aparte de que sólo conocemos otros cuatro como éste, pueden ser clave para entender la formación de la Vía Láctea”.
La reliquia estelar en cuestión se encuentra a una distancia del Sol de entre 300 y 550 años luz, unos cien años luz más lejos que sus cuatro homólogas. Gracias a OSIRIS, el espectrógrafo actualmente instalado en el GTC, se han podido observar en el rango visible los rasgos más importantes de este objeto tan débil. “Su contenido en metales es escaso, podría ser hasta diez veces menor que el del Sol”, señala Lodieu, quien añade que “pudimos estimar también su baja luminosidad y temperatura, entre los 1.000 y 2.000 grados centígrados”.
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